Hermosa rubia jovencita
Una Hermosa rubia amateur para gozar
Una Hermosa rubia amateur para gozar
Esta vez les quiero contar lo que me sucedió con una espléndidamuchacha morena que a finales de julio se instaló en un piso delante demi casa. Recuerdo cuando llegó a su nueva vivienda porqué a partir deese día todas las noches pasaba un par de veces por delante de miventana corriendo, ya que le gustaba el deporte y la verdad es que semantenía en muy buena forma.
A pesar de la falta de luz, laoscuridad no impedía ver que gozaba de un cuerpo fuerte y atlético peroa la vez delicado y aristócrata. Esta clase la mostraba cómo corría, yaque sus movimientos eran sencillos y relajados y a pesar de entrenarsedurante un buen rato nunca perdía ni la compostura ni la expresión dela cara.
Ya que he mencionado la cara decirles que sus ojos eran oscuros como su pelo, tenía una nariz algo afilada y unos labios finos.
Graciasa la coleta con la que recogía su melena morena se podía ver como susorejas eran algo grandes aunque sin ser desproporcionadas y nuncallevaba ningún pendiente ni colgante. Cuando corría únicamente llevabaunas mallas para correr y un top; dejando al descubierto un vientreplano y musculoso y dibujando unos pechos más bien pequeños, igual quesu trasero.
Aún no poseer unas curvas exuberantes, la ropaajustada mostraba un cuerpo firme y sexy. Además de esta indumentariadeportiva siempre bien conjuntada siempre corría con unas zapatillasblancas y un reproductor MP3 colgado de las mallas.
Excepto ensu entrenamiento nocturno, no la había visto nunca durante el día hastaque a medianos de agosto fui al trabajo para realizar las primerasreuniones y allí, sorprendentemente, me la encontré.
Me lapresentaron como la nueva profesora de educación física. Carla, así sellamaba, resultó ser una mujer simpática aunque muy tímida.
Mecomentó que ese era su primer año como profesora. Me ofrecí a ayudarlaen todo lo que necesitase durante su estancia y al comentarle que lahabía visto por las noches sonrió cómo si ella también me hubiese vistoa mí cerca de su casa.
Al terminar la reunión me ofrecí aacompañarla hasta casa ya que no podía irme más de paso. Al llegar meinvitó a pasar a su piso, que aún estaba a medio organizar pero que erabastante acogedor.
Como mi mujer tardaría unas horas en llegara casa estuve con Carla durante toda la tarde. Allí me pareció aún mássimpática y si antes les he comentado que no la había visto vestida decalle, tengo que decirles que arreglada mejoraba mucho, pasando de seruna mujer elegante y atractiva a una mujer muy elegante y muyatractiva.
Llevaba unos jeans ajustados y una camisa mediodesabrochada y esta vez se había dejado el pelo suelto y llevaba unospendientes largos muy bonitos. Por lo demás seguía pareciéndome unamujer más deseable aún con el ligero maquillaje que se había puesto.
Al empezar a anochecer me despedí, le pregunté si ese día saldría a correr aunque sabía que lo haría, y me fui a casa.
Lasreuniones siguieron y cada vez parecían ser más largas y aburridas peromerecía la pena ir por el buen rato que pasaba luego en casa de Carla.
Elviernes último antes de empezar las clases tuvimos la última reunión ycomo siempre estaba acompañándola con el coche cuando me dijo que sehabía dejado la bolsa en la sala de profesores.
Di mediavuelta dónde pude y llegamos de nuevo al instituto. Ya solo quedaban unpar de personas por los pasillos así que fuimos directos a la gran salade reuniones. Entramos con mis llaves y allí estaba su bolsa.
Mientrasyo iba hacia la bolsa ella irracionalmente cerró la puerta con misllaves y vino hacia la mesa. Iba a preguntarle el por qué de su acciónpero ella se colocó a un centímetro de mí y empezó a arquear su cuerpoacercándolo a mí mientras yo repetía su movimiento alejándome de ellapor causa de la sorpresa que me había causado.
Ya casi tocaba lamesa con la espalda cuando ella me agarró por la cintura y tiró consuavidad hacia ella. Nuestros cuerpos ya se tocaban y yo también laabracé por la cintura. Acerqué mi cara a la suya y me besó con ternura.
Apartéel pelo de su cara y le devolví el beso metiendo la lengua dentro de suboca. Poco a poco las manos de ambos comenzaron a moverse acariciandotodo el cuerpo del otro hasta que nos cansamos de tocar ropa y nosempezamos a desnudar.
Tengo que decir que los entrenamientoshabían conseguido un cuerpo firme sin una pizca de grasa oimperfección. Yo aún tenía la mesa detrás y ella me empujó consiguiendoque quedase tumbado en la larga tabla.
En ese momento ella sesubió a la mesa y luego se colocó encima de mí. Allí empezaron unosminutos de sexo casi salvaje que casi consiguió hacernos caer de unaaltura de un metro hasta el suelo pero que cuando ella ya llevaba unbuen rato agitándose encima de cuerpo el sudor ya permitía que nosmoviésemos con facilidad encima de la madera.
Finalmente mecorrí ensuciando esa mesa dónde había pasado algunas de las horas másaburridas de mi vida pero que ahora recuerdo como el lugar dónde gocédel cuerpo de Carla.
Las reuniones siguen siendo pesadas yaburridas, ella sigue corriendo por las noches escuchando música peroahora, por las tardes, en su piso aún sin organizar, gozo de elladurante horas.
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